Paulina Camargo Limón no es una cifra en la lista de feminicidios

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Paulina tenía 19 años cuando fue asesinada por su novio. Tenía casi 4 meses de embarazo. En palabras de su madre, ella «tuvo muy buenas circunstancias de vida y les gustaba mucho hacer amistades, ella era muy alegre, siempre estaba sonriendo. Era mi compañera de vida, siempre estaba conmigo, nos gustaba mucho ver películas». La tarde soleada en que conocí a su madre, la señora María del Rocío del Carmen Limón Maldonado, las cifras de feminicidios en el estado de Puebla habían subido a 53 (desde mediados de 2015 hasta comienzos de este marzo de 2016). Paulina llegó en la fotografía que cargaba su madre, y con esa misma alegría que tuvo en vida estuvo mirándonos todo el tiempo que duró la entrevista.

«Paulina era una niña que le gustaba mucho ayudar al prójimo, ayudar a cualquier ser que lo requiriera».

Un día, en una fiesta de fin de cursos de una preparatoria, conocío a José María Sosa Álvarez, un joven de 20 años practicante profesional de tae kwan do. A Paulina se lo presentó su mejor amiga. Y ella quedó encantada. De modales educados, algo parco en su plática, Chema –como le dice ella– también se interesó por Paulina aunque aclaró que no tenía mucho tiempo para salir por sus entrenamientos. Poco a poco fueron construyendo una relación que culminó en un noviazgo, a pesar de que no se vieron muchas veces. Sin saberlo, Paulina ya estaba demasiado cerca de la persona que, a la larga, se convertiría en su asesino. Las cifras y las formas del feminicidio en Puebla parecen abrevar a la despreciable creencia de que las mujeres pueden ser asesinadas en completa impunidad, desechadas como algún estorbo sin que esto tenga consecuencia alguna.

Es una falta de respeto que el fiscal de derechos humanos de Puebla, Enrique Flota Ocampo, niegue que en el estado existe una situación de feminicidios. Para él –al igual que para todo el gobierno estatal– no es necesario declarar Alerta de Género, ya que los casos (más de 50), no están focalizados en un sólo punto geográfico y no tienen las mismas características. Aunque, revisando los distintos modus operandi de los feminicidios, es posible darse cuenta de que por lo menos un 10% tienen las mismas características: es la pareja de la mujer la que las asesina, las chicas son menores de 25 años y están embarazadas; otra buena parte de los casos, sólo difieren en este último punto del embarazo. Y, si bien es cierto, los feminicidios no se ubican en un sólo lugar, el aumento en los casos reafirma que los hombres piensan, de alguna manera, que pueden deshacerse de las mujeres sin ser castigados y que además es algo «normal».

Ni siquiera el aumento en las penas para las personas juzgadas por feminicidio frena la violencia contra las mujeres. Por ejemplo, el código penal de Puebla otorga de 40 a 60 años de prisión a quien sea encontrado culpable de feminicidio, y da hasta 70 años si la mujer estaba embarazada. Y sin embargo, los casos se multiplican como una terrible epidemia, con la misma impunidad que en estados como Jalisco y el Estado de México. Algo pasa de parte de las autoridades que no se ejerce la justicia adecuadamente y por lo tanto se mantiene esta actitud de desprecio, minimización y violencia contra las mujeres. En Puebla se les deshecha cuando se convierten en un problema, y los hombres lo saben.

«Era una mujer muy directa, muy fuerte –comenta su madre– con un nivel de la percepción de la vida de forma diferente, quería vivir, siempre muy rápido. Yo siempre le mencionaba que en la vida tiene uno que caminar. Ella me decía: ‘no mamá, la vida es para vivirse y tiene uno que hacer lo posible’. Ella tenía sus proyectos dentro de la universidad aquí en Puebla. Le gustaban mucho los números y era muy buena para el inglés. Quería estudiar actuaría.»

Paulina tenía la idea de que Chema era una persona sana ante todo, eso se lo contó a su mamá mientras le muestraba una fotografía de él. A finales de 2014, Paulina tiene muchos planes pensados para el siguiente año, estaba muy concentrada en seguir trabajando en el consultorio dental de una amiga de su madre, llevaba, además, su preparatoria abierta. En los primeros meses de 2015, Chema y Paulina tienen un encuentro en donde su madre lo conoce a él durante unos minutos. «Me pareció un muchacho educado, pero nada más». Chema es caballeroso con Paulina, continúan saliendo hasta que ella finalmente se enamora. A comienzos de mayo, Paulina habla con su madre y le revela que tuvo una relación sexual con Chema y que los preservativos que usaron no funcionaron, que incluso la pastilla del día siguiente tampoco funcionó, así que, tras una revisión médica, se comprueba que, en efecto, está embarazada.

Para Paulina, su proyecto de vida se enfocó, ya no en sus proyectos personales, sino en su bebé. Chema, aseguró que se iba a hacer responsable pero le invitó a abortar, sin embargo, ella decidió continuar su embarazo, sin que le importara mucho lo que Chema decía. En una reunión que tuvieron ellos dos con la familia Camargo Limón, el padre, Rolando Camargo Maldonado, le plantea a Chema que no tiene que involucrarse si no está de acuerdo, que Paulina tiene una familia que va a responder para que su hijo o hija estén bien y que mejor haga su vida, para que tal vez, cuando esté más grande, con madurez, pueda darse una relación. Pero que si insistía en estar presente, Chema debería amar y respetar a Paulina. Chema se va durante varios meses y reaparece el 25 de agosto.

Mientras no está presente Chema, Paulina y su familia viven un periodo de transformación y se abocan, con alegría y entusiasmo al nuevo horizonte que el embarazo les plantea. «Para mi hija, su embarazo es algo que la hace brillar, que la conecta con algo que ella no conocía» refiere su madre mientras aprieta una servilleta hasta arrugarla por completo.

A través de facebook, Paulina mantiene cierta comunicación con Chema, pero comentó con su mamá que recibió mensajes un tanto groseros, con un tono déspota, de una forma fría. Los mensajes son cada vez menos, mientras que ella vierte sus esfuerzos en montar una cafetería para obtener recursos. Al pasar del tiempo, Paulina consigue comprar algunas cosas que hasta el día de hoy permanecen en su recámara: ropa para el bebé, pañales. Sin que se tenga una certeza plena, para ella, será un niño y se llamará Daniel.

Aquel 25 de agosto de 2015, Paulina tenía su tercera consulta médica y preguntará si es posible conocer el sexo de su bebé por lo que le pide a su familia que la acompañen. Dos días antes de la consulta, sorpresivamente, Chema se comunica con Paulina, le pide disculpas y le dice que sí quiere estar presente en la vida de su hijo. El acuerdo fue verse para tomar un café luego de la consulta, sin embargo, Chema llega con anticipación y alcanza a la familia antes de la consulta, les pide disculpas, y entra con ellos al consultorio; con sangre fría toma video de la pantalla en donde se observa ya con más forma a su bebé, sin embargo, el doctor comenta que es demasiado pronto para conocer el sexo.

Chema y Paulina se van a un café a platicar y ella queda en marcarle a su papá para que al terminar el encuentro, él pasara por ella. Este momento es el último instante en que la familia Camargo Limón ve a Paulina con vida.

La familia espera y a la hora en que más o menos esperaban la llamada de Paulina, comienzan a marcarle y el celular manda a buzón, luego le marcan a él y tampoco obtienen respuesta. Sin pensarlo deciden ir a buscarlos al café donde los dejaron horas atrás. Nada. Doña Mary entra al local y no la encuentra, da otros recorridos por la plaza de Cholula en donde estaba este café, desde la calle le indica a su marido que no está Paulina y casi de manera simultánea, él recibe un mensaje de Chema en donde pregunta si ya había llegado Paulina. Inmediatamente, la familia sospecha que algo no está bien.

Se hacen especulaciones sobre lo que puede haber pasado y deciden regresar a la casa familiar en donde estaban poco antes. Desde ahí llaman insistentemente hasta que Chema les contesta:

–Señora, yo les llamé para ver si Paulina ya había llegado
–¿Cómo que si ya había llegado, qué pasó Chema?
–Nada señora, yo subí a Paulina a un taxi. Paré un taxi de la calle, un Jetta nuevo, no tenía logotipos y no tenía placas, pero vi muy bien al chofer, se lo puedo describir.
–A ver Chema, cómo subiste a Paulina y a tu hijo a un taxi que no tiene logotipos ni placas, ¿ya escuchaste lo que me estás diciendo? ¿Pelearon, discutieron?
–No señora, cómo cree, incluso hasta quedamos ya como novios. Ya arreglamos las cosas, ella estaba feliz, pero se le acabó la pila de su celular y le pregunté si quería llamarles a ustedes y me dijo que no, que no quería molestarlos y que le parara un taxi porque ya se quería ir.
–¿Y escuchaste hacia dónde se iba?
–Pues ella dijo que a su casa.
–No Chema, piensa bien lo que dices, nosotros tenemos un punto clave de reunión, no puede ser su casa porque está muy lejos.
–Pues yo escuché que iba para su casa.
–Mira voy a colgar, Paulina no ha llegado, quédate pendiente.
–¡Ay señora, qué pena!

Y colgó.

La vigilancia de la casa nunca vio a un taxi llegar y menos que de él bajara Paulina, a quien conocían bien. Llamó a la policía y la familia completa se distribuyó por todos los lugares posibles, ministerios públicos, hospitales, servicios médicos forenses, a los alrededores del lugar en donde vivía Chema. La buscaban por todas partes. La madre de Paulina vuelve a llamar a Chema y le pide que vaya a la Procuraduría General de Justiacia del Estado de Puebla, en donde, de manera inesperada, los atienden de inmediato y no hacen caso de las 72 horas estipuladas antes de declarar un caso de desaparición, situación que en otros casos ha sido uno de los impedimentos para encontrar con vida a otras mujeres violentadas y desaparecidas.

Chema permanece al lado de la familia de Paulina durante todo el tiempo que estuvieron en la Procuraduría. «Efectivamente, muy caballeroso, te abre la puerta, te cierra la puerta y permanece con nosotros todas esas horas iniciales» señala doña Mary. La mañana siguiente, el 26 de agosto, ya en presencia de una abogada de confianza de la familia, Chema insiste en su declaración, se hace un retrato hablado del supuesto chofer del taxi. A partir de ahí, la familia de Paulina no lo vuelve a ver.

«Su cara era impávida, era una máscara».

El 27 de agosto se ubican los videos de distintas cámaras cercanas al lugar en donde se les ve por última vez juntos a Paulina y Chema. Gracias a un video de la cámara de seguridad de una papeleria se puede ver lo que sucedió realmente: «se les ve a ellos atravesar una calle y la sienta a ella en una jardinera, y pues, con toda la claridad del video, él le dice algo, ella dice que sí y él se adelanta a la calle y para un taxi Tsuru con logotipo de una agencia que existe ahí cerca, sube a Paulina al taxi, se sube con ella, cierra la puerta, el taxi se da la vuelta y se va rumbo a La Margarita, en la dirección que el taxista refiere, que es el departamento de Chema. El momento en que le enseñan ese video es el momento en donde él se enfrenta y confieza lo que hizo. Dice que la lleva a su departamento con engaños, le promete que le tiene un regalo, que le tiene una sorpresa para ella y que le quiere enseñar un perrito que él acaba de adoptar y que le promete que la va a llevar y que la va a regresar inmediatamente del departamento al café para que nosotros pasemos por ella. Entonces dice que la lleva al departamento, ahí la lleva hacia su recámara, que hay una pequeña discusión y que en ese momento él la sujeta con una llave que no sabe cómo se llama, lo hace por la parte de atrás y la asfixia durante 30 minutos, o sea la mata y la arrastra al comedor y la pone en unas bolsas negras de basura, en posición fetal, ahí avienta todas sus cosas, su bolsa, lo que llevaba y fleja las bolsas –que incluso refiere él, había comprado días antes–, la carga en el hombro y la lleva enfrente de su departamento, a unos 50 metros, donde se encuentra un contenedor y la tira a la basura».

Epílogo

Chema es detenido luego de haber declarado, sin embargo, en un primer momento se le acusó de falsedad de delcaraciones y posterioremente se le acusó del homicidio de Paulina y del aborto del bebé. Hasta la fecha, un amparo presentado por su defensa por el primer cargo ya le fue negado por un juez federal y en estos momentos se encuentra en espera de la resolución de otro amparo, ahora por el cargo de homicidio. Las autoridades le han comentado a la familia Camargo Limón que el proceso jurídico se alargará de dos a tres años, prolongando el dolor todo ese tiempo.

Para don Rolando, lo más complicado es que aún no se encuentra el cuerpo de Paulina, a pesar de las búsquedas y de lo que la Procuraduría ha estado haciendo.

Todos los viernes, desde entonces, la familia hace una caminata hacia las instalaciones de la Procuraduría y ha tratado de generar vínculos con las familias que pasan por situaciones similares o cercanas, pero a decir de don Rolando, esto no ha sido nada fácil. La página de facebook Justicia para Paulina Camargo es prueba de los intentos por dar cobertura a más casos de desaparición y de feminicidio, aunque aún falta mucho por hacer.

La familia está interesada en dos cosas principalmente: la primera es encontrar el cuerpo de Paulina y que se aplique justicia para este caso y otros casos, esperan que no exista ninguna sorpresa que libere de pronto al asesino de Paulina; y en segundo lugar, a brindar apoyo e información a otras familias que se enfrentan a la dura situación de lidiar con autoridades luego de la desaparición y/o asesinato de una de sus hijas, hermanas o madres. «Si podemos ayudar a las familias, desde cómo llegar a un ministerio público hasta los trámites que siguen, adelante, estamos totalmente abiertos» comenta don Rolando con una voz tranquila. «Queremos que nuestra hija no sea un número más y que esta injusticia no se repita nunca más».

Y a pesar de la lucha que llevan decenas de familias para que esto no se repita en Puebla, se dispone del cuerpo como se dispone de una condición de vida porque en este vivimos y es lo que nos representa. La sociedad condena la decisión de una mujer tanto de abortar como de decidir por sí misma, sin embargo el problema no ha sido la decisión sino la aparente falta que cometió ella ante una situación que esta sociedad condena por el simple hecho de que se ha respaldado la idea de que alguien con poder puede dominar las circunstancias de otra vida.

«Si ellas nos fueran inferiores, ellos no serían superiores» afirmaba Virginia Woolf el siglo pasado cuando hablaba de que el odio del patriarca a la mujer no es más que el miedo que este tiene a la incapacidad de someter al que considera inferior, a su superioridad.

Se lo dijeron a la madre de Paulina saliendo de la iglesia y llevar  una camiseta donde se puede ver la foto de su hija, «a esa niña la mataron porque…», el hombre que se lo dijo era un padre de familia que caminaba de la mano de su mujer y su hija, y frente a ellas condenaba a Paulina sin siquiera conocer su historia ¿Diremos que la asesinada tiene la culpa? Las decisiones que se toman sobre el cuerpo de cada quién, aquellas que trascenderán, se toman, más que con consciencia, con la vida misma, son decisiones que no le cuestan más que a quien las toma y sólo pertenecen a ella. ¿Quiénes son esos jueces que deciden que es posible o no en el contexto de una cuerpo femenino? Al parecer se encuentran dentro de muchos espacios de poder, tan cercanos que no hemos acabado de reconocerlos. Adentro de la casa o afuera, en la sociedad.

El actuar de un hombre -casi un niño- que asesina a la mujer que ha decidido tener su hijo, habla de la consecuencia moral que juzga a la vida y se impone ante esta. La violencia se impone sobre la vida de alguien en una sociedad que justifica el asesinato por sus razones morales. La moral justifica y condena, justifica los feminicidos y condena el aborto. Esta violenta moral también se representa en la indiferencia que ve morir día tras día a mujeres y decide voltear la mirada porque «así ha sido siempre».

 

Investigación de Brenda Lira y Heriberto Paredes

Agencia SubVersiones: http://subversiones.org/archivos/122667

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