Las voces de los maestros de la CNTE desde la Ciudadela
 de la CDMX

Más allá del gas, la policía, los comentarios viscerales y la euforia, platicamos con maestras y maestros en el intercultural plantón que mantienen en la plaza de la Ciudadela de la #CDMX para conocer sus vivencias, opiniones y propuestas. Esto fue lo que nos dijeron.

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Por Al-Dabi Olvera; fotos por Eduardo Velasco

junio 26, 2016

Oaxaca, enseñar en el río y con la vida de las palomas

— Él, él estuvo en los enfrentamientos. Entrevístenlo—nos recomiendan.

El profe Anibal habla con ejemplos. Es maestro bilingüe. No enseña inglés, habla ñuu savi, nombre original del mixteco, y castellano. Trae sandalias oaxaqueñas rayadas. Lo rodean cámaras y micrófonos de peluche.

Tres días después del ataque de distintas corporaciones policiacas contra población y magisterio en el pueblo indígena de Nochixtlán, aquella masacre en la que murieron ocho personas y cien fueron heridas, y después de la lucha de barricadas en la ciudad de Oaxaca, algunos profesores de aquel estado llegan de relevo al plantón que mantienen en la Ciudadela de la capital mexicana.

Se les nota el cansancio, pero dan entrevistas.

Recién llegado, sin desayunar, Aníbal nos relata que la policía entró para disolver los bloqueos que magisterio y población mantenían en la región del Istmo de Tehuantepec, luego en el norte del estado y teme que ahora vaya hacia la costa, donde se encuentra el pueblo donde trabaja, Santiago Ixtayutla, distrito de Jamiltepec: “en el municipio más abandonado”.

Después de los enfrentamientos, el profesor tuvo que llegar a la capital del país.

— “Usted qué hace aquí, debería estar en Oaxaca”, me diría la gente si me regreso al pueblo. Los padres de familia me exigen que si quedé en ir al movimiento, me quede hasta que se resuelva —asevera el profesor.

Nos interesa saber cómo trabaja con su grupo.

—En un pueblo indígena debe ser en su lengua. No puedes decir todo en español.

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El profesor José Anel Montalbo viene de la montaña de Guerrero, municipio de Tlapa.

 

 

El profesor explica que las condiciones de su trabajo son distintas a las de una ciudad. Cuando recibe su grupo hace un diagnóstico. Identifica cuántos niños bilingües y monolingües tiene. A veces cuenta con grupos revueltos y tiene que planear cómo trabajar con todos.

Pero las diferencias van más allá del idioma. Al niño de una comunidad no le pueden hablar de un semáforo, una cuadra, porque no lo conoce. Como profe, Aníbal pone un ejemplo:

—Traje a la ciudad de México a un niño a concursar después de pasar exámenes de las regiones y del estado. El pequeño no sabía qué era una hamburguesa. Los demás niños se burlaban de él porque tendía la cama en su hotel. Al final se llevó una hamburguesa para que la conociera su papá. El gobierno no entiende; es parte. Usamos lo práctico. Por ejemplo, una lagartija, con ella hablamos del cuidado del medio ambiente, los animales vertebrados. No vamos al zoológico como dice el libro, vamos al río a un día de campo. Usamos los recursos que nos da el contexto y partimos desde sus conocimientos.

— ¿Usted se evaluaría, profe? —, pregunta el fotógrafo Eduardo Velasco.

—Sí, pero con los niños que se evalúe de acuerdo con el contexto. No como en la prueba enlace, estandarizada para todo el país. Si al niño de las comunidades le ponen un examen práctico, se los contesta.

El profe asevera que, de manera independiente, construyen en Oaxaca bachilleratos integrales comunitarios y escuelas secundarias comunitarias. De ahí salen alumnos que saben manejar proyectos y llegan a estudiar a escuelas como el Politécnico Nacional.

Desde el 2013 existe en Oaxaca una propuesta frente a la Reforma Educativa, el Plan Estatal para la Transformación Educativa (PETEO). Al Googlear PETEO, lo primero que encuentro es una cita de Ricardo Alemán: “se trata de un supuesto programa educativo que, en el fondo, tiene todas las características de una programa de adoctrinamiento radical y guerrillero, cuyo objetivo es preparar a los futuros impulsores de El Nuevo Socialismo; es decir, el chavismo”.

Órale.

El PETEO, dice el profe Aníbal, es un plan acordado con académicos, expertos y familias para trabajar con la contextualización del alumnado que aprende a leer y escribir en mixteco, aprende en su contexto y luego en español.

—A veces tienes que comprar tu material: lámina, bond, bolígrafo, lápiz. El gobierno da una bolsita al año. No hay ni pizarrón, a veces pintamos en tablas. El maestro debe buscar un tronco o con varitas para los asientos.

El profe admite:

—En lo científico nos dan en la madre. Quieren que trabajemos informática e inglés cuando el niño apenas habla en su lengua originaria, ¿cómo vamos a dar computación cuando no hay no luz, o una línea de teléfono?

— ¿Y qué les dicen los padres de familia sobre el tiempo que están acá?

— Como costa de Oaxaca no hay problema. Tuvimos cercanía con padres y hay actas de asamblea donde hacemos compromiso para trabajar las horas extras. Hay comunidades en las que los padres y el municipio entran al PETEO y se involucra con la sociedad general. Para mejorar la escuela, la fiesta patronal, mayordomía, la comunidad nos cita para organizar. Así, en comunidad, rescatamos la cultura.

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El profesor Aníbal Estudió en Universidad Pedagógica de Ometepec, Guerrero. Quiere hacer una maestría, pero su título fue quemado en Chilpancingo, en la coyuntura de las protestas por la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa en 2014. Ahora pide a sus compañeros de la Coordinadora Estatal de los Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG) que les den chance para hacer la maestría con sus papeles de materias terminadas.

Desde el mortal desalojo del bloqueo en Nochixtlán, asevera el profe, la población los apoya. Hay señoras que asisten con café y comida a los plantones.

—Pediría a la sociedad que entienda esta lucha. Las puertas de las comunidades están abiertas para que vean cómo trabajamos, cómo salen los niños.

—Profe, ¿no quiere venir a la UNAM a un foro? —, le pregunta otro profesor.

—Sí, nada más desayuno.

Son las tres de la tarde.

—Profe, si no es indiscreción, ¿cuánto gana? —suelta Eduardo.

—Alrededor de 1,400 quincenales.

Delante de nosotros está la fila de la comida. Las profesoras cocinan en conjunto, se conocen personas de distintos estados y comparten experiencias, pero también tlayudas, frijoles, canciones, libros.

—Ahora usted, maestra —.

—Soy de la mixteca, pero no estuve en Nochixtlán.

—Pero le vamos a preguntar cómo da clases —decimos.

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Laura Hernández trabaja en el nivel de primaria indígena en Huajuapan de León, a pocos kilómetros de Nochixtlán, “las comunidades más alejadas en Oaxaca”. Piensa que la violación a los derechos de los niños comienza con sus condiciones de vida. Para ser maestra, presentó un examen de admisión después del bachillerato. El requisito era saber una lengua indígena. En el año 2000 entró a la Normal Superior de Oaxaca en Huajuapan de León. Ahí se graduó. Tuvo la oportunidad de dar clases en la Normal Superior, pero quiso quedarse con los niños de primaria. Con ellos lleva 22 años.

—Eso de ser maestra nace en mí en una comunidad llamada Tierra Colorada, al ver a mis niños y población que no conocía ni las letras. Si no saben español tienes que aprender la variante de mixteco. Te vueles parte de la comunidad. Ahí está la gente donde más me necesita y la razón por la cual no acepto la reforma.

— ¿Usted se evaluaría?

—Yo creo que sí lo apruebo. ¿Por qué no la acepto? No hay equidad con mis niños. Los libros de texto marcan que el niño de la ciudad tiene que consultar internet. En mi comunidad hay señal de internet, pero tarda una hora para cargar. Sí hay que acercar a los niños a la tecnología, por eso uso el USB y llevo mi computadora personal. No de la escuela. Sería un sueño que el gobierno me diera una.

La maestra Laura tiene suerte. Cuenta con pizarrón y gis. Sin embargo, lo que ve en su comunidad en una hora, en la ciudad lo realizan en cuatro minutos.

—Si les quiero enseñar a Benito Juárez, debo esperar una hora. Mejor hacemos juntos un collage en cartulina.

Con la Reforma Educativa les piden juntar 35 niños para tener una escuela. En su caso, necesita reunir dos comunidades. Una se verá afectada por la lejanía. En su escuela, la maestra Laura es la directora e intendente a la vez.

— “Maestra le traje tortillas, tortas de huevo, la invito a la fiesta, hay colado”, cuando llega la gente así hay que cooperar, pero te sientes satisfecha y la gente se siente orgullosa: “vino la maestra”.

La maestra Laura aplica el PETEO con un ejemplo: la vida de las palomas. Con las palomas, explica, da lecciones de territorio, respeto al medio ambiente y biología.

—En la cosmovisión indígena, las palomas nunca cantan triste, son alegres, es el ánimo de las personas. Así animo a los niños. Hago que investiguen, observen y registren. Al salir, conocemos la naturaleza, el tipo de árboles y sacamos resina para hacer pegamento. Con la población del bosque hacemos gráficas. El aula no es jaula, hay que salir y observar. Trabajamos así con medicina tradicional, alimentación, mercado, autoridades, usos y costumbres.

—Si en verdad estuviéramos mal, mis niños dirían como Peña Nieto: capital de Veracruz, Boca del Río. Mis niños no están en la escuela que estudió Peña Nieto.

La maestra también vivió el desalojo del Zócalo de la Ciudad de México el viernes 13 de septiembre de 2013. Sí, aquel ataque policial en el que el aire de las hélices de los helicópteros derribó las casas de campaña del magisterio. Ella y su esposo se perdieron por ocho horas hasta que llegaron a San Lázaro. Así conoció la ciudad. En una ocasión su padre se mantuvo en plantón dos meses. Su cheque llegó de tres pesos. Junto a su familia sobrevivió fabricando ollas y platos de barro.

—Por eso no estoy aquí por el sueldo. Sí a una reforma, pero no así. No le tengo miedo a la evaluación. Si repruebo lo hago de nuevo. Voy a las marchas, pero nunca falto en los cursos. Hay veces que hay que ir al curso aunque sea con gripa.

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Michoacán y su alternativa



 

El profe Erandi Álvarez nació en la cuna de la cultura p’urhépecha: el Tzintzuntzan de Michoacán. Hace unos días, protagonizó notas de medios de comunicación como Excélsior.

— “Engañaron a los alumnos”, “dieron puntos extra”, “los sacaron a 30 grados al sol” eso decían, que los obligué —relata riéndose.

—Hubo un hecho inédito en Apatzingán: dos alumnas de la Federal 1 de secundaria convocan a marcha de estudiantes. Fue insólito, dos mil niños con padres de familia. Dijimos: ¿de dónde sale si nosotros hacemos las marchas?, pero circuló mucho en redes sociales en secundarias y dijimos que debíamos poner atención y apoyar. Convocamos y dijimos en las escuelas que quien quisiera ir, adelante. Dicen que hay una denuncia en derechos humanos, fuimos. Nadie se presentó a denunciar. Los niños iban con los padres de familia.

—Si hubiera un diálogo directamente para argumentar las razones de la Reforma Educativa punto por punto, ¿ustedes irían? —preguntamos.

— Eso hicimos, invitamos a Enrique Peña Nieto y Aurelio Nuño en diciembre del 2015 a un diálogo en la explanada del Auditorio Nacional. Frente a dos sillas vacías, los esperamos mientras expusimos las bondades, los perjuicios y las leyes reglamentarias de las modificaciones a la constitución que hicieron.

Peña y Nuño nunca acudieron.

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El profesor lamenta que, con la reforma, la prioridad para los niños será la evaluación, los exámenes, estándares e indicadores. Lo que dice el artículo tercero constitucional: cultura, desarrollo de las potencialidades de las personas, amor al país, queda en segundo plano. Los maestros pasarían de ser trabajadores de la educación a prestadores de servicios mediante el Servicio Profesional Docente. El criterio para ingresar o permanecer en su chamba sería la evaluación. Prácticamente, serían Godínez en las aulas.

—Es borrarnos del mapa, en la ley y físicamente, como con el crimen de lesa humanidad de Ayotzinapa. La reforma ya llegó a donde quería llegar. Con mucho que la hemos empantanado, la hemos hecho letra muerta, ya llegaron a su objetivo: cese, despido, descuento, desaparición, la detención; es la guerra. Queremos mesa de diálogo, pero debería ser de negociación. Y es que somos polos apuestos, queremos que se abrogue y ellos dicen: no le quitamos ni una coma. Estamos en los momentos más álgidos, son momentos de definición, quién sabe si la borramos o nos ganen ellos y nos pasen la aplanadora.

El cheque de mil profesores de Michoacán ya llegó con descuentos de hasta seis días. Con más de tres faltas en un mes, estás fuera. El día de esta conversación, el magisterio realizó una multitudinaria manifestación en Morelia.

—Decidimos no cobrar nuestro sueldo—cuenta el profesor.

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Por otro lado, el modelo de educación de la escuela Normal, aquella creada por Lázaro Cárdenas para la educación de las masas empobrecidas, podría desaparecer. En las normales hay una formación de pedagogía, didáctica, y tienen plaza automática. Ahora pueden ser sustituidos por médicos, licenciados, quien quiera que pase la evaluación.

—Cuando llegas al rancho, esa teoría se hace práctica y ahí te encuentras con comunidad, personas que te necesitan y surge el amor a nuestra profesión. Ves a los niños cómo llegan descalzos, sin útiles. Lo resuelves y te encariñas.

Con las etiquetas de vagos-flojos-holgazanes detrás de ellos, los profesores de la Sección 18 de Michoacán comenzaron hace veinte años un plan alternativo de educación. Fue la primera de las secciones que se le ocurrió crear 53 escuelas integrales y dos mil escuelas de programa lingüístico integral. En estas escuelas hay proyectos productivos, talleres, y trabajo comunitario. Ahora ya existe el Programa Democrático de Educación y Cultura para Michoacán que pretende vincular la escuela con el trabajo y la comunidad y la teoría con la práctica.

—¿Para qué enseñar, para qué educar?, nosotros decimos que para el buen vivir, que el trabajo sea una forma de conseguir el sustento es válido, pero buscamos ir más allá. Muchos dicen que es facultad de la Secretaría, pero tenemos propuestas. Si ellos tiene programas, confrontaremos con programas, si ellos apuestan a competencias, nosotros desarrollaremos al ser humano de manera integral.

En Michoacán ya hay libros de texto alternativos desde preescolar hasta secundaria. Su programa incluye matemáticas, pero propusieron sociedad en lugar de historia, cultura en lugar de civismo y ciencias en lugar de área natural. En total editaron 60 libros. El gobierno del estado asigna 25 millones cada año para imprimirlos. Ahora asignó 31 millones más, pero no ha pagado a los editores. Los títulos de desarrollo lingüístico y ciencias los paga el magisterio con rifas.

—Con el programa de desarrollo lingüístico integral buscamos recuperar palabras, tradiciones, cuentos, costumbres de los pueblos; dejamos de usar el concepto español y propusimos el programa lingüístico integral que retoma el sector p’urhépecha y náhuatl, los dos idiomas originarios del estado. Esa es nuestra vía, la manera de decir no a la reforma. Lo podemos ir a presentar donde nos inviten.

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Chiapas y Aurelio Ramsay Nuño Bolton

 

El pueblo de Chiapa de Corzo sacó hasta a los danzantes de la famosa fiesta de los parachicos para protestar en Tuxtla Gutiérrez. La CNTE recibe apoyo extendido en el lugar que la vio nacer: familias, religiosos, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el cual acaba de comparar a Aurelio Nuño con Ramsay Bolton de Game of Thrones, “devorado por los perros que antes usó para atacar a otr@s”, están con el magisterio.

Aquí, en la Ciudad de México, decenas de camiones de Chiapas arribaron a la manifestación del pasado viernes 17 de junio. El profesor Francisco da clases cerca de la frontera de Guatemala. Se acaba de bañar y se cambia.

—No es una reforma adecuada a nuestro Estado. Los niños vienen de cero, llegan en preescolar. No saben ni las vocales. No saben leer y escribir. El papá de un niño de primaria le enseña a leer y escribir. En la comunidad nadie le enseña. No hay letreros. Primero habría que erradicar el analfabetismo. El maestro le enseña desde sus animalitos, frijoles. No le puedes hablar de aviones. Cosas que ellos ni siquiera han visto.

El 15 de mayo empezó la huelga en Chiapas. Recuerda que su gobernador, Manuel Velasco, derrochó publicidad en la Ciudad de México justo cuando andaban en plantón en la capital. Hasta salía en el cine. Pero ahora, opina, su Estado está saqueado. Un profesor chiapaneco fue arrollado en 2015 en manifestaciones.

—Si no tuviéramos razón no habría necesidad de estar aquí soportando las inclemencias del tiempo. Argumentas, yo argumento, eso queremos, un debate.

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Guerrero, donde piden imposibles

 

Avanza la tarde y los dos profesores bilingües acomodan botes como sillas. La lluvia amenaza con caer. Así ha estado todo el día, pero no llueve. El profesor José Anel Montalbo viene de la montaña de Guerrero, municipio de Tlapa. Estudió economía en la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG). Ingresó después a la Universidad Pedagógica Nacional. Ahí se inició como docente. Trabajó como docente y director de una preparatoria popular, una escuela por cooperación donde no percibía salario. Hay 52 escuelas de este tipo en Guerrero. Se formaron porque no hay opción de estudio en comunidades. Pertenecen indirectamente a la UAG. La infraestructura e inmobiliario lo pone la comunidad.

Ahora trabaja en nivel básico como maestro de quinto y sexto de primaria en una escuela para niños migrantes en Chilpancingo, pero también da clases a futuros maestros de nivel básico. Es hijo de profesores.

—En la primaria el resultado es que todos aprendan. Si un niño no sabe agarrar el lápiz le enseñas a agarrar el lápiz. En las comunidades los niños que migran no tienen kínder, llegan a la primaria sin saber una sola letra. Migran a la ciudad con el mixteco, náhuatl, tlapaneco y amuzgo, las lenguas originarias de Guerrero.

El profe José cuenta que en el primer año no dicen ni una palabra. Apenas en el segundo grado pasan del ñuu savi, que él enseña, al castellano.

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Su compañero, el profe Aníbal Navarro, otro Aníbal, estudió ingeniería en computación. Es profesor bilingüe me’phaa, tlapaneco, en Malinaltepec, municipio lleno de concesiones mineras que no fueron consultadas con la población.

Detrás de nosotros hay naranjas, decenas de garrafones de agua, torres de papel de baño, una cocina.

En los libros, cuenta el profesor Aníbal, aparece el Metrobús, la Central de Autobuses:

—”¿Qué es eso?”, preguntan los niños. “Un lugar como cuando se van al pueblo”, respondemos. Los libros la verdad no nos ayuda nada.

—Enseñamos a no discriminar. En base a eso salimos adelante con nuestros niños indígenas —dice el profe Aníbal —hay niños que caminan desde las cinco de la mañana para llegar a las siete y luego el gobierno les quiere mandar bicicletas. Me gustaría que vinieran a las comunidades para que vean cómo vive la gente. Tuve un niño de sexto que caminaba tres horas con la punta de los pies. El gobierno mandó una hoja para anotar niños con discapacidad, pero no le dieron nada.

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El profe José recalca que en su comunidad los niños son respetuosos. En una escuela indígena y migrante no existe el bulling, aunque reconoce que hay discriminación si no se habla el español. Cuenta con risa que en el salón de clases son traviesos, pero en Tlapa los niños lo alcanzan en la esquina y le cargan la mochila. Los maestros se arraigan y sólo bajan a la cabecera en la quincena.

—Allá los niños piden que uno asista, pero al gobierno no le interesa la educación indígena y que conserves tu lengua. Nos dicen vándalos, flojos, que queremos estar en el plantón, como si fuera un orgullo ser plantonista. Tenemos carencias, dormimos en el piso. Los padres de familia dicen, “llévense doscientos”. “No, señora, vamos a lo que vamos”. Eso te da sentimiento y porque la gente aprecia. Respondemos: “Con lo que tenemos nos vamos a mover”, y ahora que regresamos tenemos que reponer lo básico y que pasen de grado los niños.

A la mitad de la plática, llegan integrantes del Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior. El profe Aníbal los atiende. Después, una mujer rubia de edad mayor, huipil lindo y lujoso, deja medicinas y carbón para el campamento.

En Guerrero existe un proyecto pedagógico a partir del proyecto de Michoacán, las escuelas altamiranistas, llamadas así en honor al poeta guerrerense Ignacio Manuel Altamirano. Tomaron en cuenta saberes ancestrales indígenas como parte de la educación, prepararon textos en 2008, crearon academias de náhuatl, mixteco, tlapaneco. Dieron libros de texto al gobierno de Guerrero, nunca los imprimió y después prohibió implementar planes de estudio distintos al oficial.

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El profesor Francisco da clases cerca de la frontera de Guatemala.

Pero hasta que llegó la Alianza de la Calidad de la Educación y la película De Panzazo en el 2012 vieron venir la reforma. Luego llegaron los macanazos.

En 2014, durante el movimiento por Ayotzinapa, policías asesinan a golpes al profesor Claudio Casillo Peña de 62 años en Acapulco. El 7 de junio, durante el boicot a las elecciones, el gobierno apresa a ocho profesores en Tlapa. La colonia Tepeyac cierra sus calles, retiene policías. Entra el ejército, una bala sale de donde se encontraban los policías retenidos y asesina a Antonio Díaz, egresado de la Universidad Pedagógica Nacional. Los dos crímenes están impunes.

—Dudo mucho que se aclare y que haya castigo. ¿Cómo va actuar contra la misma policía el gobierno? —dice el profesor José sobre estos casos y el de Nochixtlán—. No nos esperanzamos en avances porque sabemos qué línea traen: sí dialogamos, pero acepta la reforma. Pero nosotros tenemos que enseñar en condiciones sin butacas. Trabajamos en el corredor de comisaría, en iglesia y curato. Esas son las aulas. Al subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda Nava, le dije: “le entramos a la evaluación pero ponga las aulas a la región montaña, canchas, computadoras e internet y maestros por grupo y si después creen que cumplieron, estamos dispuestos a entrarle a la evaluación”. Me dijo que pedía imposibles.

 

 

VICE: http://www.vice.com/es_mx/read/seis-voces-de-maestros-de-la-cnte-desde-la-ciudadela

 

 

 

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