Los rostros de Nochixtlán, Oaxaca: entre las barricadas y las balas de la policía

“No apoyar un movimiento que nos da una pequeña esperanza sería tonto. Buscamos defender los derechos constitucionales que el gobierno nos quiere quitar con su bola de reformas”, dice uno de los maestros que prefirió no dar su nombre.

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Fotos de Ernesto Álvarez, Texto por Eliana Gilet

junio 23, 2016

Los autobuses de línea ya habían cortado todas sus corridas a la ciudad de Oaxaca días antes de que la policía reprimiera en Nochixtlán, el pueblito cercano a la ciudad, que está ubicado sobre la ruta que conecta la capital con la Ciudad de México. La única forma de llegar al estado sureño es echando mano a los colectivos de los maestros, cuyos boletos vende Armando en un local sobre la calle Vallarta, cerca del monumento a la Revolución.

Los autobuses que hacen el recorrido al sur viajan en tándem, de a dos. Es una empresa chiquita que se rifa la tarea que las otras compañías dejaron de hacer. Tienen facilitada la llegada a la ciudad porque son autobuses de los maestros, que en realidad viajan todo el año a precios más amables con el bolsillo de sus pasajeros.

Eduardo es chofer de uno de los autobuses. Tiene 42 años y 15 trabajando tras el volante. Cuenta, cuando subimos, que hace estos viajes porque no hay quien más los haga, y porque además, necesita del dinero para comer. Trabajar, pues.

La ciudad de Oaxaca se había poblado de barricadas desde el 14 de junio, cuando se conmemoró en sus calles los diez años del desalojo fallido que la policía intentó hacer del plantón que la Sección XXII, que núclea a los maestros que forman parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). A diez años se vive una situación casi calcada: los maestros volvieron a instalar su plantón en el Zócalo de la capital, por lo que los pueblos que están sobre las rutas que permiten el acceso a la ciudad, comenzaron a ser bloqueadas por maestros y padres de familia que apoyan el conflicto, para evitar que la policía entre y se repita la represión vivida hace diez años. Pero la represión llegó igual.

En Nochixtlán, durante la mañana del domingo 19 de junio fueron asesinadas 11 personas, decenas fueron heridas y al menos 22 encarceladas —ya liberadas por falta de pruebas para acusarlas— cuando la Policía Federal atacó con munición real el bloqueo sobre la ruta que da acceso a la capital del estado. Para ese momento la participación de la gente del pueblo ya había superado la presencia de los maestros. “¿Por qué están ahí y qué es lo que buscan?”, fue la pregunta que guió las conversaciones.

Jeremías, de 33 años, es maestro y sus motivos para estar en la movilización son los que públicamente ha expresado la CNTE: el Rechazo a la Reforma Educativa, la libertad de los 13 presos políticos que tiene el magisterio y desde el domingo, también exige que las muertes en la represión no queden impunes. Que tiene que haber responsables por esos muertos, dice, entre los que hay dos estudiantes de secundaria, campesinos, maestros, incluso una persona que viajaba en una van y fue alcanzada por una bala perdida.

Adrián tiene 35 y no es maestro, pero desde la barricada que está instalada sobre la supercarretera en el acceso a Nochixtlán, señala que los maestros también son parte del pueblo y que comprende su lucha. Por eso está ahí.

Para José, que se encarga de llevar y traer víveres a la localidad, una tarea clave porque no se permite el ingreso de ningún camión de empresas trasnacionales —desde cocacola hasta tráilers que cargan pollos— por lo que el peligro del desabastecimiento es fuerte. Entonces, se han tejido redes que evitan esa crisis.

Lázaro no estuvo en el momento de la represión, estaba en la escuela Primaria Abraham Castellanos, que los maestros mantienen ocupada y que se utiliza como centro de acopio de los víveres y las medicinas que llegan. En el pueblo, el clima es algo más distendido que en los bloqueos y la gente está ávida de contar lo vivido. Una señora ya mayor, abre las puertas de su casa para relatar cómo le tiraron para adentro una de las granadas de gas lacrimógeno y tuvieron que salir corriendo de ahí, y quedar en el medio del conflicto. Cuando su hijo resultó herido en una pierna y juntos se trasladaron al Hospital Básico Comunitario de Nochixtlán, la Policía Federal les impidió el paso, porque ellos lo estaban ocupando como base para los agentes heridos de las pedradas y otras armas improvisadas en las barricadas.

Eso es otro de los puntos clave en este asunto, si, de haberse atendido en el Hospital del pueblo, algunos de los heridos graves que murieron habrían podido salvar su vida. El gobierno federal encomendó a la Comisión Nacional de Derechos Humanos que investigue lo sucedido y emita un informe, sobre el que, si se atiende el reclamo de la gente, se pueda castigar a los responsables de la violencia. La primera pregunta que deberán responder es quién dio la orden para desatar esta masacre.

 

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Un arcoíris en la vista desde Nochixtlán, Oaxaca, que muestra el terreno en donde los pobladores aseguran que los Cuevas Chávez (gobernador y hermano) tienen un rancho donde escondieron a cientos de elementos de la Policía Federal (PF) antes del enfrentamiento con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

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A través del maletero de un camión quemado en el bloqueo de Nochixtlán se ve a una mujer caminando con un palo en la mano.

los-rostros-de-nochixtlan-oaxaca-entre-las-barricadas-y-las-balas-de-la-policia-667-1466719473-size_1000Tres personas se retiran del bloqueo por la CNTE en la carretera 185 en Nochixtlán. Cuando empieza a oscurecer, las mujeres se retiran del bloqueo y a partir de las diez de la noche todos dejan la carretera por seguridad.

Un hombre de 27 dice que está ahí porque “porque no es posible que nos están dando en la torre y no hagamos nada. De alguna manera nos tienen que hacer caso y acceder a las negociaciones para derogar la Reforma Educativa y encontrar a los asesinos de nuestro pueblo”.

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Armando, un hombre jubilado de 60 años, vende los boletos de los únicos dos camiones que en ese momento salen a Oaxaca. Durante el bloqueo de la carretera México-Oaxaca ningún camión sale con esa ruta. Pero Armando tiene los únicos boletos que te dejaran en la esquina del bloqueo. El está ahí porque es su trabajo y pertenece al movimiento.

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Eduardo tiene 42 años de edad y 15 como chofer de autobús. Es uno de los dos choferes que conducen hasta Oaxaca durante el bloqueo de carreteras por parte de la CNTE. Dice que está ahí porque no hay nadie más que lo haga y no tiene otro tipo de ingresos: “Si dejo de trabajar, ¿quién me da de comer?” Pero uno de los pasajeros susurra: “Porque es un chofer valiente”.

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Una mujer camina por la madrugada dentro del Palacio Municipal de Nochixtlán. Está ahí “para desfogarse y ver la realidad, ya que todo lo que está en los medios oficiales contradice a los medios populares y a las redes sociales”. Busca escribir algo para ella.

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Una mujer camina por la madrugada dentro del Palacio Municipal de Nochixtlán. Está ahí “para desfogarse y ver la realidad, ya que todo lo que está en los medios oficiales contradice a los medios populares y a las redes sociales”. Busca escribir algo para ella.

 

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Lázaro, de 37 años, es el cocinero de la CNTE en la primaria Abraham Castellanos, ocupada por maestros en resistencia. “Hay que tirar esa Reforma Educativa, que más bien es una Reforma Hacendaria. Busco que nos den trabajo a todos los que en realidad lo sabemos hacer y se lo quiten a quienes son unos ratas como el presidente y los políticos”.

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Lucio, de 41 años, conduce al bloqueo de Nochixtlán. Es maestro y dice que está ahí porque “es injusto que nos quiten el dinero que trabajamos y privaticen la educación, y ahora también busca esclarecer los asesinatos de los manifestantes”.

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La bandera que estuvo al frente del conflicto del domingo ahora se ondea bajo el Puente de Nochixtlán en donde se encuentra el bloqueo.

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Adrián, de 35 años, no es maestro pero está en resistencia porque “los maestros son pueblo y el pueblo son maestros”.

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Un estudiante de Artes en la Ciudad de México se amarra un paliacate para cubrir su identidad ante la cámara. Está en la movilización porque “quería conocer y apoyar el movimiento de la CNTE, ya que de alguna manera nos incumbe a todos”.

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“Quiero defender lo que nos pertenece, y por más que nos metan presión vamos a aguantar, hasta lograr justicia para los trabajadores de la educación”, dice Román, maestro de 26 años de edad.

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Juan José Acevedo, hijo del maestro con el mismo nombre, muestra el lugar por donde entro una bala. Durante el conflicto en Nochixtlán, la Policía Federal disparó balas de grueso calibre, una de ellas entró por la parte de atrás de su oreja y salió por debajo de su pómulo. La atención médica se le negó y los materiales en donde lo atendieron eran escasos. Él está en la movilización porque “tenía que apoyar a mi pueblo, ahora busco justicia y que el gobierno se haga responsable de sus actos”.

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Lurdes, una mujer de 47 años, dice que está en el lugar porque “soy maestra, pero también madre de familia y no quiero dejarle a mis hijos un país con la educación que el gobierno nos quiere imponer”. Agrega que busca derogar la reforma educativa y un trato justo para maestros y estudiantes.

 

 

VICE: http://www.vice.com/es_mx/read/los-rostros-de-nochixtlan-oaxaca-entre-las-barricadas-y-las-balas-de-la-policia

 

 

 

 

 

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