Maestras en resistencia: mujeres con dignidad

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“Estamos en la sierra refundidos, pero no somos ignorantes, nos damos cuenta de lo que hace este gobierno, pero aquí seguiremos, pidiendo que se incorporen a esta lucha social, que ya no sólo es del magisterio, sobre todo a las mujeres heroicas que siempre han luchado por sus hijos y por su patria”: palabras de Yolanda Vélez Hernández, maestra originaria de la región mixteca de Oaxaca y perteneciente a la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Igual que la maestra Yolanda, a lo largo y ancho de nuestro país, las mujeres tienen un papel histórico en la defensa de la educación pública, sin embargo muchas veces su palabra no es escuchada y su lucha es poco visibilizada; se habla de los maestros, como si las maestras no estuvieran o como si con ese artículo se les englobara.

Según el Consejo Nacional de Población (CONAPO), las mujeres conforman la mayoría de la planta docente en México. En un estudio publicado en 2008, se refirió que de un millón 730 maestros en México, un millón 60 mil son mujeres, es decir el 61%; 670 mil son hombres, lo que representa un 39%, lo que significa que de cada 10 docentes, seis son mujeres.(1) Pese a que es una profesión mayoritariamente ejercida por mujeres, la conducción está ocupada por hombres.

Armadas con pancartas, las maestras llevan consigo su cuerpo y su voz rompiendo el estereotipo de género de tener que estar en el salón de clases, siendo el “ejemplo” de las niñas y los niños, sin cuestionar el abuso de poder que busca atentar contra sus derechos laborales y contra la educación pública en México.

Con conciencia política y social, las maestras participan en todas las actividades de la lucha magisterial, ponen incluso de su dinero para poder realizarlas.

Además de cumplir los horarios de bloqueos, tomas de dependencias trasnacionales, guardias, entre otras, cumplen sus roles como madres, esposas, hijas, hermanas. Dejan sus casas, y a quienes dependen directamente de ellas, sacrifican su economía, alteran la dinámica diaria teniendo que dejar comida preparada incluso para una semana entera; muchas veces vuelven a sus casas sólo para lavar y organizar la semana que estarán nuevamente fuera.

Todas estas acciones impactan directamente en sus relaciones interpersonales, generando preocupación por la seguridad de sus hijas e hijos y conflictos con su pareja, pues estar fuera por más de una semana, además de impactos económicos, afecta su entorno más inmediato.

Con la idea de que la lucha se mama, muchas maestras optan también por llevar a sus hijas e hijos a los campamentos o lugares públicos en donde desde muy jóvenes pueden ir sembrando la semilla de la lucha y la esperanza.

Actoras fundamentales de la lucha magisterial

Las maestras no sólo preparan alimentos o están al pendiente de las noticias, las maestras son actoras fundamentales de la lucha magisterial, están presentes en las marchas, en las barricadas, a través de las brigadas concientizan a la población sobre los impactos de la reforma educativa.

Además del frío, el hambre y las enfermedades, las maestras se enfrentan a agresiones en los lugares públicos, en medios de comunicación e incluso al interior de sus familias y comunidades, quienes cuestionan su lucha y resistencia.

Las maestras han sido replegadas, agredidas físicamente, difamadas en los medios de comunicación por exigir, junto con los maestros, la derogación de la Reforma Educativa, reforma impuesta desde el inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto y que sin consenso modificó los artículos 3 y 73 de la Constitución Política de México.

Dicha reforma crea el Servicio Profesional Docente; el “Sistema Nacional de Evaluación Educativa” y coloca en rango constitucional el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), lejos de reestructurar y enriquecer los planes de estudio, la reforma no es pedagógica sino laboral.

Se trata de una contrareforma que busca derogar derechos adquiridos por el magisterio. Entre otros, algunos de los impactos negativos a corto plazo son: la disminución de salario, prestaciones, evaluaciones permanentes al magisterio, sin que estas sean de acorde al contexto de las niñas/os que son evaluados, renuncias inducidas y despidos masivos so pretexto de la creación de un servicio profesional docente, falta de garantía de su empleo, imposibilidad de la defensa colectiva de los derechos laborales y la tendencia a la privatización de la educación publica.

Esta reforma regresiva cuida a toda costa la economía e intereses de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); torna más precaria la educación para la infancia y juventud mexicana, no fortalece la cultura nacional sino va en contra de ella, careciendo de una perspectiva intercultural y fomentando realidades ajenas a nuestra cultura.

La defensa de sus derechos y de la educación pública es el compromiso que las maestras tienen a lo largo y ancho de nuestro país, lo que no significa estar contra reformas en materia educativa, sino que las reformas que se busquen implementar, garanticen de manera efectiva el derecho a la educación y respeten los derechos laborales de quienes enseñan.

Las maestras han manifestado que no existe la negativa para ser evaluadas sino que estas evaluaciones tienen que ir acorde a las realidades que viven las escuelas y alumnos: “Es imposible que evalúen a nuestros alumnas/os, teniendo como referente un semáforo cuando en las comunidades las calles son de terracería (…) me remite a la época de Fox cuando envió las Enciclomedias a escuelas donde ni siquiera había luz”.

La Reforma Educativa, igual que las otras reformas impulsadas en este sexenio, no toman en cuenta las necesidades reales de la mayoría de la población, en su imaginario no existen las escuelas marginadas, la necesidad de que las clases puedan ser impartidas en la lengua de quienes la reciben, no sólo para que puedan ser bilingües sino para contribuir a la preservación de nuestras raíces.

Tampoco se atienden las condiciones precarias en las el alumnado recibe las clases, cuando existen escuelas en las que las maestras imparten clases a más de 30 alumnos de múltiples grados; se invisibiliza que para llegar a la escuela niñas y niños tienen que caminar kilómetros, exponiéndose a ser mordidos por los perros, a ser atropellados o agredidos en el camino y por si eso fuera poco, llegan a la escuela sin desayunar, siendo su alimento un cheto envuelto en una tortilla como lo relata un maestro en Nochixtlán.

Esa es parte de la lucha de las maestras y los motivos por los que las calles se han convertido en salones de clases en los que las lecciones se multiplican, impartiéndonos a la sociedad enseñanzas de vida.

Como consecuencia, las maestras han recibido sus cheques de 46 pesos, han sido objeto de campañas de odio, siendo insultadas en las calles y en los medios de comunicación, han sido reprimidas, muchas tienen  ordenes de aprehensión, lo que ha derivado en su desplazamiento forzado o exilio, en la separación de sus familias, detenciones arbitrarias, entre otras represalias.

Ejemplos como el desalojo del Zócalo de la Ciudad de México el 13 de septiembre de 2013 y recientemente las agresiones contra el magisterio y la población en Nochixtlán, Oaxaca, son ejemplos de agresiones en las que las maestras han sido perseguidas, atacadas directamente con  gases lacrimógenos y balas.

Ante ello el respaldo de la población es fundamental, son las propias madres y padres de familia quienes alimentan a las maestras en resistencia, es la sociedad consiente la que les piden continuar la defensa de la educación pública y sus derechos laborales, pero sobre todo cada vez más personas se unen a esta defensa que no corresponde únicamente al sector magisterial.

En esta lucha, las maestras enfrentan retos y desafíos al interior del propio movimiento social, hace falta una participación de manera incluyente y equitativa; el fortalecimiento de sus liderazgos y el reconocimiento incluso por parte de sus propias compañeras; escuchar, voltear a ver y atender las necesidades que sólo las maestras miran; es indispensable mayor representación en los comités directivos; que un mayor número de maestras forme parte de las mesas de diálogo con las autoridades y que no sólo dialoguen sino concreten acuerdos de corto, mediano y largo plazo que trascienda sindicatos y sexenios en beneficio de la educación.

El papel de las maestras en defensa de la educación pública en México es histórico, a pesar del temor, vemos a mujeres fuertes y aguerridas, que nos enseñan a resistir con dignidad, escucharlas seguir alzando la voz, no sólo nos deja enseñanzas invaluables, sino que nos obliga a unirnos para seguir aprendiendo la lección.

[1] Un millón 730 mil maestros enseñan a 33.5 millones de niños y jóvenes: CONAPO, disponible en:

http://www.conapo.gob.mx/es/CONAPO/Mexico_DF_Miercoles_14_de_mayo_de_2008_2

 

5

Atziri Ávila

Comunicóloga social, activista y defensora de derechos humanos,, Coordinadora de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos.

Desinformémonos: https://desinformemonos.org/maestras-en-resistencia-mujeres-con-dignidad/

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